lunes, 28 de mayo de 2012

La caseta de Gregorico





 Domingo, 27 de Mayo de 2012

A las 7,30 los auroros han cantado debajo de casa la aurora de Pentecostés. El día viene bueno para andar. Magán marca 14º y la farmacia 13º. El cielo está despejado y el cierzo es una ligera brisa. Dudamos en salir de corto por primera vez este año pero, como es probable que nos metamos por algún "andurrial", decidimos llevar el pantalón largo. Le propuse a Juanjo ir a conocer  la caseta de Gregorico en el Canto del Plano. Aceptó encantado.

Son las 08,00 horas. Salimos por los "enredos" para coger el camino de Falces. El día es luminoso y Tafalla se despereza sin prisa. En los campos, las cebadas comienzan a amarillear; el trigo, orgulloso y fuerte, se mantiene verde y erguido. 
Por el camino, poco antes de llegar a su finca, Félix "Txirolas" nos alcanza con su bicicleta. Le contamos a dónde vamos y quedamos para hablar un rato a la vuelta.





08,25 horas. Fuente de Los Falces. Las últimas lluvias la han recuperado. El hilillo de agua que bajaba hasta ahora se ha convertido en un chorrillo. 
El camino asciende suavemente hasta llegar al último repecho que termina en el Plano. 
A nuestra izda. el maíz ha nacido. Los aspersores, con nocturnidad, empapan la tierra haciendo que el grano germine. Desde la ladera del Plano hasta las tierras llanas del Curtido, en cuatro días, veremos grandes extensiones verdes luciendo panochas. 
08,40 horas. Estamos junto al Corral del Plano. Cruzamos el Raso y llegamos al camino que sube desde la carretera de Miranda. 
El camino que baja hasta la caseta (la gente le llama de los "Zaras") es el anterior al que lleva directamente hasta la Caseta del Plano. 
A pesar de saber esto decidimos bajar por el primer camino y explorar un poco el Canto. 




Llegamos a un cercado donde muere el camino. El lugar es fresco y agradable. Las encinas dejan caer, lánguidamente, sus ramas sobre nuestras cabezas. Para nosotros es un descubrimiento este rincón. 
Volvemos al camino principal y bajamos por el siguiente. Es un terreno baldío en el que han depositado escombros y restos de vegetación. 






En la ladera del monte han dejado, con cuidado, dos lápidas funerarias. Por lo que observamos han estado colocadas en alguna pared y, al llevar allí los escombros, las han depositado respetuosamente lejos de los desechos. Es casi imposible leer las inscripciones. 




La próxima vez que pasemos por allí, llevaremos papel y lapicero para marcar las letras. 


Regresando al camino principal, en la frescura del encinar, Juanjo descubre con alborozo una seta de la especie Suillus granulatus. Comenta con ironía que si nos perdemos, ya tenemos algo para llevarnos a la boca. 

El siguiente camino que desciende nos lleva a una pequeña finca con una caseta medio abandonada. ¿Será la de Morán?.
Son las 09,40 horas. Ha llegado el momento de almorzar. 
Junto a la caseta una esbelta mata de boj, sin duda plantada allí, nos recuerda la ladera N.O. del Buskil. 
La mañana está estupenda para estar en el campo. Los bocadillos saben diferente. El silencio es total. Los insectos todavía no se han espabilado. En este tiempo el Plano es uno de los lugares excepcionales de Tafalla. 
Regresamos al camino principal. El siguiente que desciende nos lleva a nuestro objetivo. 
Un cazador para su coche y nos pregunta, suponiéndonos equivocados, si vamos a la Caseta del Plano. Le decimos que a la de Gregorico. Nos dice que él tiene muy cerca un balcón para la caza de palomas. 



Cuando el camino desciende vemos el tejado y la chimenea de la edificación. Es la primera vez que estamos aquí y... no será la última. 
El lugar es extraordinario. Son las 10,00 horas

A la sombra de las encinas una gran piedra rodeada de otras más pequeñas forman un conjunto de mesa y bancos que evocan largas conversaciones y buenas partidas al mus.  
El edificio ha sufrido los rigores del tiempo. Tiene algunas grietas importantes.




El interior está limpio. El fogón es de categoría. 




Colgando de una viga y también en las paredes, hay recuerdos entrañables de los Gregoricos. Tuve la suerte de tratar bastante a Vicente Zaratiegui. Cuando sus hijos se establecieron en Norte América, regresó a Tafalla y le quedaban varios años de "activo" en la Hermandad de Los Doce. Yo estaba recién entrado y compartimos muchas celebraciones, funerales y viajes a Ujué. En aquel tiempo hicimos que Pentecostés fuera, además, el día de las familias. En el refugio de la Carravieja teníamos la Misa y después una costillada. Vicente llevaba su guitarra y en la sobremesa, con la entrañable María Luisa Oficialdegui, su mujer, disfrutamos de unos ratos inolvidables.


 Desde el porche que da al O. la vista es maravillosa. A nuestra derecha Candaraiz nos ofrece su mejor cara. El Caserío de Cortés, tan próximo, monta guardia desde su cerro. Enfrente están las primeras tierras del Saso y al fondo Codés, Montejurra, Lóquiz, Andía y San Donato. 
Este lugar tiene magia. A nuestros pies, los campos de Lazarau y Don Galindo se pueblan de olivos, cebadas y viñas. 

"Vicente venía de vez en cuando de Alemania y se quedaba una o dos semanas para cortar leña y cimentar. Decía que le ayudó material y moralmente su primo Pedro Mª (Zaratiegui). En la primavera de 1969 se hizo el pozo y la balsa y en septiembre quiso terminar apresuradamente la caseta-refugio, con ansia de cazador y para que su padre pudiera resguardarse en la temporada de octubre y noviembre. Se terminó de poner el techo para poder dormir bajo cubierto el día 12 de Octubre. Toda esta primera fase, la más importante, finalizó un mes después, en noviembre. 

En 1970, Vicente emprendió con energía renovada la 2ª fase: el suelo de cemento y la distribución del aseo y el cuartito. En 1972, siempre en octubre, la baldosa del suelo, el fogón, las aceras y el banco exterior, prácticamente todo. 

En sus escritos, Vicente dice que con el "fuego interior" que les embargaba, hubieran hecho lo mismo con el caserío Gregorico de no haber estado en tal ruina y de haber sido de su propiedad..." (Arantxa Marco Hernando)(Los Gregoricos).





Bajamos hacia Don Galindo y, junto a los últimos coscojos del monte, encontramos el pozo. Tiene agua. Junto a él, debajo de una losa, hay un pequeño aljibe. 

Por el camino de concentración volvemos para casa. Las cepas, con los tubos en sus pies, están lozanas.
A las 11,05 horas llegamos a la Cuesta de la Calera. No subimos al Plano sino que tomamos el camino de enfrente. Los viejos caminos son ahora pistas blancas por los que algunos coches circulan velozmente. 
Bajamos por la Cuesta de la Celada. A nuestra dcha. dejamos la del Melón y la finca de Txirolas. Salimos al camino que hemos traído a la mañana. 
A las 11,30 horas estamos de nuevo en los "enredos". Entramos en el pueblo.
Hoy celebramos Pentecostés en San José, Los Doce. Después de la Misa, mientras hacemos hora para que "repose" el calderete, le cuento a Pedro Mª Zaratiegui nuestra excursión y su cara, con una sonrisa de nostalgia, se ilumina como la de un niño. 



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